20.4.08

Me siento viejuna


Supongo que la juventud de ahora no tienen ni idea por donde caen los años 60 (yo tampoco, la verdad)... más o menos os pasa lo que a todos los españoles cuando nos dijeron que el Roldán estaba en Laos... ¡Por cierto! Fue la clase de geografía más cara de la historia de España. ¡Anda que no nos costó dinero saber donde estaba el pájaro filipino.

¡Todo ha cambiado tanto!. Cuando yo era joven los mayores te contaban una y otra vez la guerra civil española, la época del hambre, historias de obligados exilios y muchas cosas más, todas de gran interés. ¿Pero que cosas interesantes podemos contar las de mi generación?... ¡Ningunas!. Más bien podemos contar putaditas, si, si, tal como lo oyen, putaditas que nos hicieron en nuestra juventud. Era como si los mayores hubieran pensando. ¡Vosotras no habéis sufrido la guerra civil, pero ahora os vamos a jo...!

Por ejemplo: No te explicaban nada sobre una tal menstruación y cuando te visitaba ¡Te pegabas un susto del carajo! Y a continuación te leían la cartilla. ¡Hija ya eres mujer!... ¡Ya puedes ser madre!.claro, y tú con once o doce años te preguntabas, ¿Y que coño hago con las muñecas?. La verdad es que los adultos de mi época eran sádicos. Te advertían constantemente.¡Cuidado que los chicos no se enteren jamás que ya tienes la regla! ¡Recuerda siempre que no te puedes bañar, ni duchar, ni nadar, ni comer helado, ni bebidas fría porqué te puedes volver loca, loca, loca! Te entraban unas ganas de preguntarle a tu madre. ¿Tú debiste mojarte, verdad mamá?. ¿Y que pasaba en los tres meses de verano? Pues que te tenías que inventar tres otitis, o laringitis, resfriados y fiebres. Y como te prohibían ducharte y bañarte dabas la impresión de que la otitis te había podrido todo el cuerpo.

Cuando salieron al mercado las compresas se acabó el cotilleo y el control de las azoteas. Las vecinas no sabían si te venía o se te había retirado. ¡Y llegó el tampax! ¡La que se lió!¡Madre mía!. Aquella sádica sociedad que me tocó vivir, llegó a la conclusión de que la chica que usara tampax no podía ser virgen. Y se las oía decir. Porqué si se meten eso tan largo... ¡Ya me explicaran...!. El control llegó hasta la madre Iglesia. Ibas a confesarte y el cura lo tenía más fácil que antes y te preguntaba. ¿Usas tampax hija mía?. Las más modernas y rebeldes contestaban con timidez. Si padre, pero nada más que la puntita. La verdad es que más que vírgenes éramos gilipollas. Los mayores te decían. El matrimonio es una lotería. ¡Y tanto! Como ibas virgen, no sabías si te había tocado... el gordo..., una pedrea o un simple reintegro y en algunos caso.... ¡Nada de nada!. Lo más injusto y cruel era que no te enterabas del premio que te había correspondido... ¡Como no tenías con que comparar... los únicos atributos que conocíamos era gracias a los romanos que les dieron por hacer las estatuas en bolas. Ustedes ahora lo tienen más fácil, pueden recurrir a esa moda de “Y si ve otro mejor cámbielo”...

Fue muy dura nuestra época. Los maridos no hacían nada en la casa. Llegaban del trabajo y posaban los kinders en el sillón y comenzaban a pedir, a pedir, a pedir. Y una se convertía en el ser más servil del mundo. ¡Pero eso si! Nos poníamos los rulos todos los días.... ¡No se pá que!... pero nos los poníamos...

El sadismo de los mayores continuaba cuando un chico te pretendía. Te cogía tu madre por banda y te decía aquella frases tan típicas. De cintura para abajo... ¡nada de nada!. ¡Que te puedes quedar preñada!.

Claro y cuando un chico te tocaba la rodilla o el pié tu ya pensabas llena de angustia. ¡La jodí sin joder! ¡Y te tirabas un mes con un desasosiego, que ni os cuento!. La otra frase era. De cintura para arriba ten mucho cuidado, porqué la mujer es como un espejo y si el hombre se te acerca demasiado quedarás empañada para siempre. ¡Que fuerte! ¿No?. Cuando mi madre me encontró el limpia cristales en el bolso me hinchó a yoyas y me llamó perdida. Perdida estaba yo en aquella sociedad que nadie me explicaba nada y solamente me atemorizaban y amenazaban.

Luego estaba el método con derecho a roce, ¡No se vayan a pensar ustedes que ese sistema y esa frase se ha inventado en esta época... ¡No, no señor! ¡Fue mi generación! Como lo que se entiende por catar... no catábamos pues ¡Ala a rozarnos, rozarnos!. Se nos ponía la piel toda escocida, ¡A escamas tía! A escamas de tanto roce. Ya os podéis imaginar como se ponían ellos. Porqué eso si.... sexo no les dábamos... ¡Pero calor!...Estábamos más vigiladas que el palacio del Pardo. Si salía con un chico te tenía que acompañar o una amiga o tu hermana pequeña... ¡Que por cierto era de chivata!

Y la otra advertencia fuerte que te hacían era la hora de llegada a casa ¡Cuando esté empezando el parte de Radio Nacional, te quiero ver entrando por la puerta!. O sea a las diez de la noche. Parecíamos zombis, en la radio sonaban las diez campanadas... tan, tan, tan, tan, tan y todas compungidas y tristes íbamos entrando por los portales al ritmo del himno de España. En realidad era como un toque de queda. Algunas listillas, en el colegio se hacían Hijas de María, esto daba un currículo ¡Que ni te cuento!. Era como una garantía ante la sociedad de que nunca te habían empañado... de que nunca llevabas el limpia cristales en el bolso. Para las vírgenes de los sesenta el sexo consistía en un inocente beso pero eso si ¡Tenía que ser con el novio formal! Y como te pillara un guardia te metía una multa que te dejaba sin perras para todo el mes. ¡Anda que si esto lo hicieran ahora!... los ayuntamientos se iban a forrar. Y ya me voy porqué mis hijos y mis nietos me riñen cuando estoy hasta tan tarde levantada.

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